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Socio 304

"Nosotros no hemos podido tener hijos y ésta experiencia nos ha cambiado la vida y nos ha aportado mucha ilusión"


El conocer a una persona es una experiencia enriquecedora para cualquiera. El conocer a alguien para ayudarlo mucho mas, y si ese alguien es un niño que tiene privaciones en su país, carencias fïsicas y afectivas, aún lo es mas. Ese es el caso de los niños que se acogen , muchos de ellos procedentes de orfanato,  de países afectados por la tragedia de Chernóbil durante su período de vacaciones y a través de un programa de colaboración, en nuestro caso, entre los gobiernos de Bielorrusia y España que se llama de saneamiento, y que tiene como objetivo , durante un corto período de tiempo, que éstos niños puedan beneficiarse de nuestro buen clima, buena alimentación y el cariño que les proprcionan las familias que colaboran en este proyecto, además claro está de tener unas felices vacaciones.
Nuestra experiencia personal como padres de acogida , además de enriquecedora es muy satisfactoria. Traemos desde hace 6 años a una niña que se llama Sasha, que ahora tiene 14 años y desde hace 3, también a su hermana Tania que ahora tiene 16 años, y que anteriormente venía con otra familia. Proceden de orfanato y en la ciudad de Gomel donde viven, estan con una familia de acogida permanente que tienen otra hija. Es cierto que los niños son niños, independientemente de su procedencia y circunstancias y que hay que tener paciencia y dedicarles tu atención y cariño. También hay que tratar de educarles y corregirles si llega el caso, pero la felicidad que ves en sus rostros, la mejoría física que experimentan y el cariño que ellos te dan, te compensa con creces de todo lo que puedas hacer por ellos. Suelen venir pálidos, delgados tristes y apagados y se marchan contentos, morenos, con unos kilos de mas y con la alegría pintada en sus rostros de haber pasado unas felices vacaciones y de haber sido tratados con cariño. Ellos se saben importantes para sus familias de acogida, y eso les da autoestima, seguridad en sí mismos, confianza y sobre todo en general, muchas ganas de volver.
Cuando vino nuestra pequeña Sasha, era una niña muy pequeñita para su edad, delgadita y desgarbada. Ella nos dió una gran sonrisa , su pequeña mano y estamos seguros que en ese momento, también su confianza. Fue un momento mágico y sentímos dede el principio un vínculo de afecto entre ella y nosotros, vínculo que no solo no se ha roto, sino que se ha aumentado durante estos años y que permanecerá siempre con nosotros, aunque un día la dejemos de ver. Como anécdota graciosa recuerdo, que cuando fuímos a recogerla a la asociación, llevaba muchos bultos,( no traía ni maleta) y para agradarnos, quería cargarlos todos ella y no consentía que la ayudáramos .
Nosotros no hemos podido tener hijos y ésta experiencia nos ha cambiado la vida y nos ha aportado mucha ilusión , alegría y sentirnos necesarios para alguien que necesita de nosotros. Es una experiencia que recomendamos a cualquiera que tenga un mínimo de generosidad.
Que mas podemos decir. Que no tengáis miedo con el idioma. Ellos son muy listos porque suelen ser supervivientes natos y lo aprenden enseguida, sobre todo si son pequeños. Y especialmente que tengáis paciencia, mucha paciencia con ellos. Al principio casi todos se sienten tímidos e inseguros y como consecuencia de esa inseguridad algunos manifiestan cierta rebeldía, la de cualquier niño en sus circunstancias. Hay que comprender el cambio tan brusco que supone el enfrentarse de golpe a otras personas, otro país, otras costumbres, otro ambiente totalmente diferente y otras circunstancias, entre ellas el no poder entenderte. También es muy importante comprender que ellos no estan acostumbrados a un trato tan afectuoso por parte de la personas que están con ellos allí, pues son mas fríos de carácter y manifiestan poco el afecto, aparte de que algunos de ellos no saben ni lo que es el afecto, sobre todo los que vienen de orfanato. Por todo ésto es posible quue algunos desconfíen de nosotros´al principio, pero si te manifiestas con paciencia y les das cariño, te los ganas enseguida y la desconfianza se convierte en correspondencia. Yo diría que algunos vienen con el síndrome de "perro apaleado".
Desde este espacio vuelvo a animaros a tener una experiencia de acogida con estos niños. Como suele suceder siempre, quizas haya que dar, pero como dice el Evangelio recibiréis el ciento por uno.

Marisa y Antonio. Padres de acogida.

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